Según Autores: Javier Pérez portillo
Petulante, que tiene su origen en el vocablo latino
petulantĭa, hace referencia a la arrogancia y el engreimiento de una persona.
Cuando alguien es petulante, muestra su fanfarronería y se jacta de alguna
cualidad que tiene o dice tener.
Por ejemplo: “El entrenador volvió a evidenciar su
petulancia al asegurar que es el mejor director técnico del mundo”, “Acepto el
diálogo y el disenso, pero no tolero que vengan a hacerme planteos con
petulancia”, “Cuando uno es joven, suele tener la petulancia de creerse
todopoderoso”.
La petulancia suele revelar una falta de respeto por el
prójimo. Quien es petulante, se siente superior al resto de los individuos. Por
lo tanto, no sólo engrandece sus logros, sino que también minimiza los éxitos y
las virtudes de los demás.
El petulante, por otra parte, es alguien inseguro. A
diferencia de lo que sugiere su imagen, la persona que siente necesidad de
resaltar sus éxitos y de difundir sus virtudes de manera constante está
buscando la aprobación del prójimo. La petulancia es, en este sentido, un
intento por mejorar la autoestima y proteger el ego.
Además de todo lo expuesto, existen otras muchas
características que identifican claramente a una persona con grandes niveles de
petulancia. En este sentido, tendríamos que destacar que el petulante es
reconocible rápidamente por estas otras maneras de comportarse:
- En cualquier conversación utiliza en numerosas ocasiones el pronombre “yo”. Lo que deja constancia de su ego.
- No escucha a los demás. No se detiene a escuchar qué cuentan, qué piensan o qué sienten. Y es que el mundo parece girar únicamente a su alrededor.
- Cualquier tema de conversación lo lleva a su terreno, es decir, lo encauza de tal manera que el diálogo pasa a hacer referencia a él, a su vida, a sus experiencias…
- Se siente especial y no puede compararse con nadie.
- Es habitual además que sea una persona que pide mucho a los demás, pero que luego no da nada.
Otro rasgo de la personalidad que revela la petulancia es la
falta de predisposición al diálogo y a la búsqueda de consensos. El petulante
se ubica a sí mismo en una posición superior, de autoridad, por lo que rechaza
la posibilidad de un intercambio de igual a igual con su interlocutor. Si un
empresario le dice a su socio: “Me gradué con honores en Economía e hice
negocios exitosos durante toda mi vida: déjame explicarte cómo tenemos que
hacer las cosas”, estará actuando con petulancia e impidiendo que la otra
persona haga sus aportes.
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