Según Autores: Julián Pérez Porto y Ana Gardey
Humillación, del latín humiliatio, es la acción y efecto de
humillar o humillarse (herir el amor propio o la dignidad, abatir el orgullo).
Cuando una persona es humillada, siente vergüenza. Por ejemplo: “No voy a
aceptar otra humillación por parte de mi jefe”, “Nunca sentí tanta humillación
como cuando mi madre me dio una cachetada frente a todos mis compañeros”, “La
humillación se completó con el sexto gol del equipo visitante”.
Dado que la dignidad es algo difícil de definir o acotar, la
humillación es un concepto sin significado preciso. Algunas cuestiones que
pueden resultar humillantes para ciertas personas pueden no serlo para otras.
En el ámbito profesional existe una gran diversidad de puestos de trabajo y
éstos se ubican en una supuesta jerarquía que los agrupa según su importancia
frente a la sociedad; por ejemplo, ser abogado y trabajar para una firma
reconocida suele ser motivo de orgullo, mientras que tener un puesto de
encargado de la limpieza suele causar el efecto contrario. Dadas estas crueles
divisiones que el ser humano se esfuerza por trazar, si alguien con estudios
universitarios se ve forzado a realizar una tarea considerada de baja
categoría, es probable que sienta una profunda humillación y que intente
ocultarlo.
Los actos que denigran públicamente las creencias de un
individuo también se consideran como humillaciones. La religión suele ser uno
de los blancos más comunes de burlas y menosprecio, especialmente cuando su
práctica incluye el uso de accesorios y vestimenta particulares. La humillación
puede considerarse como una forma de tortura ya que busca menoscabar la
dignidad del ser humano. De hecho, cuando un régimen aplica torturas físicas,
suele acompañarlas con humillaciones para destruir moralmente a la persona.
Es importante señalar que la humillación tiene lugar en el
día a día de millones de personas con vidas aparentemente normales, y que
muchas de ellas ni siquiera son conscientes de sufrirla. Por lo general, para
que se dé la humillación debe existir un lazo muy estrecho entre quien la
práctica y quien la recibe, o bien un odio muy intenso justificado en
diferencias ideológicas. Humillación Los niños suelen recibir humillaciones por
parte de sus mayores o de personas de su misma edad que sienten un profundo temor
ante su forma de ser o de pensar; lamentablemente, son comunes las historias de
padres que torturan psicológicamente a sus hijos por considerar que sus
esfuerzos por satisfacerlos nunca son suficientes, y de estudiantes que agreden
física y psicológicamente a quienes no muestran una sexualidad muy definida,
por citar dos de los tantos ejemplos posibles.
Es precisamente la infancia el momento en el cual somos más
vulnerables a este tipo de ataques, y muchos no consiguen superar sus heridas,
de manera que permanecen en ese estado de susceptibilidad a la humillación por
el resto de sus vidas. Para un niño cada día es un descubrimiento: conceptos
nuevos que lo confunden, exigencias de todo tipo que ponen a prueba su
paciencia y su entendimiento, reglas que por razones muchas veces ausentes
deben cumplir.
Los primeros años de nuestra vida son suficientemente
difíciles de atravesar, aun cuando nos quieren y nos respetan; si a esta
enigmática ecuación le agregamos una variable que anule constantemente nuestros
esfuerzos por hallar la solución, es probable que la oscuridad nos invada y,
con el tiempo, nos impida ver más allá de la humillación.
De vez en cuando, durante la niñez, todos necesitamos de
palabras alentadoras por parte de nuestros mayores para alimentar nuestra
seguridad en nosotros mismos, así como de indicaciones para mejorar y corregir
nuestros errores; el equilibrio constante es imposible de alcanzar, pero con
una dosis espontánea de aprobación y sanas reprimendas, podemos aspirar a un
buen desarrollo emocional. La humillación, sin embargo, no es una reprimenda,
sino un intento de bloquear a la otra persona, de avergonzarla al punto de
eliminar sus fuerzas y sus deseos de existir. Cabe destacar que la humillación
aparece en ciertas parafilias que asocian esta cuestión al placer sexual, ya
sea propiciando la humillación o recibiéndola.
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