Según Autores: Julián Pérez Porto y Ana Gardey.
El término egoísmo hace referencia al amor excesivo e
inmoderado que una persona siente sobre sí misma y que le hace atender
desmedidamente su propio interés. Por lo tanto, el egoísta no se interesa por
el interés del prójimo y rige sus actos de acuerdo a su absoluta conveniencia.
El concepto proviene del ego que es, de acuerdo con la
psicología, la instancia psíquica mediante la cual un individuo se hace
consciente de su propia identidad y se reconoce como yo. El ego es aquello que
media entre la realidad del mundo físico, los impulsos del sujeto y sus
ideales.
El egoísmo, por lo tanto, es un concepto opuesto al
altruismo. Este último habla de sacrificar el propio bienestar (o al menos
restarle importancia) por el beneficio de los demás; es decir, buscar el bien
ajeno antes que el propio. Existen distintos tipos de egoísmo. El egoísmo
psicológico es una teoría que afirma que la conducta humana está impulsada por
motivaciones auto interesadas. El egoísmo ético considera que las personas
ayudan a las demás pero siempre en búsqueda de un beneficio posterior (la ayuda
representa un medio para obtener algo provechoso). El egoísmo racional, por
otra parte, señala que la búsqueda del propio interés es fruto del uso de la
razón.
De estas distinciones se desprende que, dependiendo de la
perspectiva desde la cual se mire el egoísmo, puede entenderse como una actitud
negativa al cien por ciento, representativa de la falta absoluta de
preocupación por el bienestar ajeno, o también como una forma de buscar el
propio y de hacerse respetar. El rango de posibilidades que esto representa de
seguro se enfrenta a la disconformidad de muchas personas, dado que el egoísmo
es uno de los mayores enemigos de la normalidad; o al menos eso se intenta
transmitir.
El egoísmo es el trabajo mejor pagado
La sociedad intenta convertir a todos y cada uno de sus
integrantes en seres normales; para ello, existe una serie de reglas, de
obligaciones y prohibiciones, que deben ser cumplidas a rajatablas para
asegurar la prosperidad del grupo. Esta línea de comportamiento gira en torno a
entregar la propia vida a los demás; comienza por criar a nuestros hijos, y
culmina por cuidar a los propios padres, cuando éstos envejecen y pierden la
autonomía.
Para conseguir dichos objetivos, es importante formarse en
alguna profesión, de modo que sea posible sostenerse económicamente, para luego
tener una base lo suficientemente sólida sobre la cual apoyar a los
descendientes y a los progenitores. El egoísmo, entendido desde este punto de
vista, consiste en desatender alguno de estos mandatos sociales en pos de
buscar la felicidad auténtica, o incluso la propia integridad.
Existe la idea generalizada de que no hacer lo que otros
esperan de nosotros es una forma de egoísmo, y esto se utiliza como arma de
manipulación. Una vez que concluye la infancia, nos convertimos en sirvientes
de nuestros padres, ya que esperan que les devolvamos los años de entrega
supuestamente desinteresada. Cuando comenzamos a buscar nuestro propio camino,
se nos condena, se nos reprocha y se nos etiqueta de desconsiderados y
desagradecidos.
El altruismo de nuestros progenitores consiste en una
inversión a largo plazo; nos dan todo, esperando que algún día lo hagamos por
ellos, asegurando así su futuro. ¿Es egoísta alguien que no admite un abuso
psicológico sobre su persona, alguien que se niega a dejar de lado su felicidad
por la del prójimo? Y, del mismo modo, ¿es altruista alguien que hace el bien
esperando algo a cambio de manera enmascarada? La verdadera definición de estos
términos esconde el secreto que nadie quiere que sepamos, ya que nos abre las
puertas a un camino auténtico, de verdadero libre albedrío, y muy pocos se
atreven a transitarlo.
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