viernes, 30 de noviembre de 2018

DEFINICIÓN DE HUMILLACIÓN


Según Autores: Julián Pérez Porto y Ana Gardey

Humillación, del latín humiliatio, es la acción y efecto de humillar o humillarse (herir el amor propio o la dignidad, abatir el orgullo). Cuando una persona es humillada, siente vergüenza. Por ejemplo: “No voy a aceptar otra humillación por parte de mi jefe”, “Nunca sentí tanta humillación como cuando mi madre me dio una cachetada frente a todos mis compañeros”, “La humillación se completó con el sexto gol del equipo visitante”.

Dado que la dignidad es algo difícil de definir o acotar, la humillación es un concepto sin significado preciso. Algunas cuestiones que pueden resultar humillantes para ciertas personas pueden no serlo para otras. En el ámbito profesional existe una gran diversidad de puestos de trabajo y éstos se ubican en una supuesta jerarquía que los agrupa según su importancia frente a la sociedad; por ejemplo, ser abogado y trabajar para una firma reconocida suele ser motivo de orgullo, mientras que tener un puesto de encargado de la limpieza suele causar el efecto contrario. Dadas estas crueles divisiones que el ser humano se esfuerza por trazar, si alguien con estudios universitarios se ve forzado a realizar una tarea considerada de baja categoría, es probable que sienta una profunda humillación y que intente ocultarlo.

Los actos que denigran públicamente las creencias de un individuo también se consideran como humillaciones. La religión suele ser uno de los blancos más comunes de burlas y menosprecio, especialmente cuando su práctica incluye el uso de accesorios y vestimenta particulares. La humillación puede considerarse como una forma de tortura ya que busca menoscabar la dignidad del ser humano. De hecho, cuando un régimen aplica torturas físicas, suele acompañarlas con humillaciones para destruir moralmente a la persona.

Es importante señalar que la humillación tiene lugar en el día a día de millones de personas con vidas aparentemente normales, y que muchas de ellas ni siquiera son conscientes de sufrirla. Por lo general, para que se dé la humillación debe existir un lazo muy estrecho entre quien la práctica y quien la recibe, o bien un odio muy intenso justificado en diferencias ideológicas. Humillación Los niños suelen recibir humillaciones por parte de sus mayores o de personas de su misma edad que sienten un profundo temor ante su forma de ser o de pensar; lamentablemente, son comunes las historias de padres que torturan psicológicamente a sus hijos por considerar que sus esfuerzos por satisfacerlos nunca son suficientes, y de estudiantes que agreden física y psicológicamente a quienes no muestran una sexualidad muy definida, por citar dos de los tantos ejemplos posibles.

Es precisamente la infancia el momento en el cual somos más vulnerables a este tipo de ataques, y muchos no consiguen superar sus heridas, de manera que permanecen en ese estado de susceptibilidad a la humillación por el resto de sus vidas. Para un niño cada día es un descubrimiento: conceptos nuevos que lo confunden, exigencias de todo tipo que ponen a prueba su paciencia y su entendimiento, reglas que por razones muchas veces ausentes deben cumplir.

Los primeros años de nuestra vida son suficientemente difíciles de atravesar, aun cuando nos quieren y nos respetan; si a esta enigmática ecuación le agregamos una variable que anule constantemente nuestros esfuerzos por hallar la solución, es probable que la oscuridad nos invada y, con el tiempo, nos impida ver más allá de la humillación.

De vez en cuando, durante la niñez, todos necesitamos de palabras alentadoras por parte de nuestros mayores para alimentar nuestra seguridad en nosotros mismos, así como de indicaciones para mejorar y corregir nuestros errores; el equilibrio constante es imposible de alcanzar, pero con una dosis espontánea de aprobación y sanas reprimendas, podemos aspirar a un buen desarrollo emocional. La humillación, sin embargo, no es una reprimenda, sino un intento de bloquear a la otra persona, de avergonzarla al punto de eliminar sus fuerzas y sus deseos de existir. Cabe destacar que la humillación aparece en ciertas parafilias que asocian esta cuestión al placer sexual, ya sea propiciando la humillación o recibiéndola.

DEFINICIÓN DE EGOÍSMO


Según Autores: Julián Pérez Porto y Ana Gardey.

El término egoísmo hace referencia al amor excesivo e inmoderado que una persona siente sobre sí misma y que le hace atender desmedidamente su propio interés. Por lo tanto, el egoísta no se interesa por el interés del prójimo y rige sus actos de acuerdo a su absoluta conveniencia.

El concepto proviene del ego que es, de acuerdo con la psicología, la instancia psíquica mediante la cual un individuo se hace consciente de su propia identidad y se reconoce como yo. El ego es aquello que media entre la realidad del mundo físico, los impulsos del sujeto y sus ideales.

El egoísmo, por lo tanto, es un concepto opuesto al altruismo. Este último habla de sacrificar el propio bienestar (o al menos restarle importancia) por el beneficio de los demás; es decir, buscar el bien ajeno antes que el propio. Existen distintos tipos de egoísmo. El egoísmo psicológico es una teoría que afirma que la conducta humana está impulsada por motivaciones auto interesadas. El egoísmo ético considera que las personas ayudan a las demás pero siempre en búsqueda de un beneficio posterior (la ayuda representa un medio para obtener algo provechoso). El egoísmo racional, por otra parte, señala que la búsqueda del propio interés es fruto del uso de la razón.

De estas distinciones se desprende que, dependiendo de la perspectiva desde la cual se mire el egoísmo, puede entenderse como una actitud negativa al cien por ciento, representativa de la falta absoluta de preocupación por el bienestar ajeno, o también como una forma de buscar el propio y de hacerse respetar. El rango de posibilidades que esto representa de seguro se enfrenta a la disconformidad de muchas personas, dado que el egoísmo es uno de los mayores enemigos de la normalidad; o al menos eso se intenta transmitir.

El egoísmo es el trabajo mejor pagado

La sociedad intenta convertir a todos y cada uno de sus integrantes en seres normales; para ello, existe una serie de reglas, de obligaciones y prohibiciones, que deben ser cumplidas a rajatablas para asegurar la prosperidad del grupo. Esta línea de comportamiento gira en torno a entregar la propia vida a los demás; comienza por criar a nuestros hijos, y culmina por cuidar a los propios padres, cuando éstos envejecen y pierden la autonomía.

Para conseguir dichos objetivos, es importante formarse en alguna profesión, de modo que sea posible sostenerse económicamente, para luego tener una base lo suficientemente sólida sobre la cual apoyar a los descendientes y a los progenitores. El egoísmo, entendido desde este punto de vista, consiste en desatender alguno de estos mandatos sociales en pos de buscar la felicidad auténtica, o incluso la propia integridad.

Existe la idea generalizada de que no hacer lo que otros esperan de nosotros es una forma de egoísmo, y esto se utiliza como arma de manipulación. Una vez que concluye la infancia, nos convertimos en sirvientes de nuestros padres, ya que esperan que les devolvamos los años de entrega supuestamente desinteresada. Cuando comenzamos a buscar nuestro propio camino, se nos condena, se nos reprocha y se nos etiqueta de desconsiderados y desagradecidos.

El altruismo de nuestros progenitores consiste en una inversión a largo plazo; nos dan todo, esperando que algún día lo hagamos por ellos, asegurando así su futuro. ¿Es egoísta alguien que no admite un abuso psicológico sobre su persona, alguien que se niega a dejar de lado su felicidad por la del prójimo? Y, del mismo modo, ¿es altruista alguien que hace el bien esperando algo a cambio de manera enmascarada? La verdadera definición de estos términos esconde el secreto que nadie quiere que sepamos, ya que nos abre las puertas a un camino auténtico, de verdadero libre albedrío, y muy pocos se atreven a transitarlo.

DEFINICIÓN DE PETULANTE


Según Autores: Javier Pérez portillo

Petulante, que tiene su origen en el vocablo latino petulantĭa, hace referencia a la arrogancia y el engreimiento de una persona. Cuando alguien es petulante, muestra su fanfarronería y se jacta de alguna cualidad que tiene o dice tener.

Por ejemplo: “El entrenador volvió a evidenciar su petulancia al asegurar que es el mejor director técnico del mundo”, “Acepto el diálogo y el disenso, pero no tolero que vengan a hacerme planteos con petulancia”, “Cuando uno es joven, suele tener la petulancia de creerse todopoderoso”.

La petulancia suele revelar una falta de respeto por el prójimo. Quien es petulante, se siente superior al resto de los individuos. Por lo tanto, no sólo engrandece sus logros, sino que también minimiza los éxitos y las virtudes de los demás.

El petulante, por otra parte, es alguien inseguro. A diferencia de lo que sugiere su imagen, la persona que siente necesidad de resaltar sus éxitos y de difundir sus virtudes de manera constante está buscando la aprobación del prójimo. La petulancia es, en este sentido, un intento por mejorar la autoestima y proteger el ego.

Además de todo lo expuesto, existen otras muchas características que identifican claramente a una persona con grandes niveles de petulancia. En este sentido, tendríamos que destacar que el petulante es reconocible rápidamente por estas otras maneras de comportarse:
  • En cualquier conversación utiliza en numerosas ocasiones el pronombre “yo”. Lo que deja constancia de su ego.
  • No escucha a los demás. No se detiene a escuchar qué cuentan, qué piensan o qué sienten. Y es que el mundo parece girar únicamente a su alrededor.
  • Cualquier tema de conversación lo lleva a su terreno, es decir, lo encauza de tal manera que el diálogo pasa a hacer referencia a él, a su vida, a sus experiencias…
  • Se siente especial y no puede compararse con nadie.
  • Es habitual además que sea una persona que pide mucho a los demás, pero que luego no da nada.
Otro rasgo de la personalidad que revela la petulancia es la falta de predisposición al diálogo y a la búsqueda de consensos. El petulante se ubica a sí mismo en una posición superior, de autoridad, por lo que rechaza la posibilidad de un intercambio de igual a igual con su interlocutor. Si un empresario le dice a su socio: “Me gradué con honores en Economía e hice negocios exitosos durante toda mi vida: déjame explicarte cómo tenemos que hacer las cosas”, estará actuando con petulancia e impidiendo que la otra persona haga sus aportes.

DEFINICIÓN DE SOBERBIA


Según Tomás de Aquino

¿Qué es la soberbia?
La palabra “soberbia” se puede entender en dos sentidos: uno positivo y poco frecuente, y otro negativo y de uso ordinario, según si aquello a que se aspira es, respectivamente, bueno o malo8. Esta sería una acepción material del término. Sin embargo, formalmente hablando, el vocablo designa un vicio negativo del espíritu, el superior a todos. El sentido positivo es el que, por ejemplo, en una universidad, designa que ésta lo sigue siendo y crece como tal. En cambio, el negativo es el más eficaz disolvente de la institución universitaria.

Tomás de Aquino indica que soberbio es el que tiene un amor desordenado hacia su propio bien por encima de otros bienes superiores9. El sólo hecho de dudar si existen bienes superiores al propio ya es, pues, síntoma de este defecto. Es amor desordenado, porque como el soberbio no se conoce como quién es, sino que tiene un conocimiento de sí como de aquél que quiere ser, desea para él lo que no le es adecuado. La describe como el apetito inmoderado de la propia excelencia10 que, de paso, rebaja la dignidad ajena11. 

Desde luego, la excelencia es debida a alguna cualidad buena12; por eso, se puede referir a diversas aptitudes humanas13. Por el contrario, añade que el humilde no se preocupa de la propia excelencia, pues se considera indigno14. Advierte también que la soberbia es la madre15 y reina16 de todo defecto, es decir, su origen y su fin17. De modo que las otras lacras, como hijas naturales, tienen cierto parecido a la madre18 y, asimismo, cierta propensión a rendirle honores19.

Otra nota que el de Aquino atribuye a la soberbia es que este defecto radica en la voluntad20, y, precisamente por considerarla una mala inclinación de esta potencia humana, añade que el soberbio no se subordina a su recto conocimiento propio, de modo que pueda percibir por él su distintiva verdad21. Por el contrario, nota que la humildad se ajusta al adecuado conocimiento que alguien tiene de sí22 (“donde hay humildad hay sabiduría”, dice la Escritura23). Por eso admite que la soberbia impide la sabiduría24. 

También advierte que las verdades directamente impedidas por la soberbia son aquellas que se denominaban “afectivas”25, es decir, unas de las más altas que sólo las personas virtuosas conocen por con naturalidad. En rigor, el fruto seguro de este defecto es la ceguera de la mente26.

No obstante, si bien se mira, la soberbia no inhiere en la voluntad, sino –como su carcoma27– en lo más neurálgico de nuestra intimidad, de donde procede toda malicia, y a donde toda corrupción se ordena28. Sí, nadie se reduce a su voluntad, y es en esa realidad personal irreductibilble donde anida la soberbia y la peor ignorancia, lo cual le llevó a clamar a San Pablo: “de la ceguera del corazón, líbranos Señor”29. Por eso se entiende que la perfección contraria, la humildad, sea –más que una virtud de la voluntad– la fuente personal de todas las virtudes. También por esto la humildad, en cuanto que remueve la soberbia, es la sal que preserva toda virtud30. Si el vicio de la soberbia es el más grave, también será el más tenaz y perdurable, porque es el que está más hondamente radicado en nuestro ser; tan fuerte que extingue todas las virtudes y corrompe todas las potencias humanas31. Por lo que se refiere sus los tipos, Tomás señala que uno es el de aquel que se gloría en sus cualidades, y otro el de quien se arroga lo que le sobrepasa32. Obviamente el segundo es peor –también más ciego– que el primero.

El carácter distintivo de este defecto respecto de los otros lo cifra el de Aquino en que en cualquiera de los demás se da siempre cierto defecto; sin embargo, el mal en éste se toma de la perfección a la que desordenadamente se aspira33. Efectivamente, la soberbia tiende a lo excelso34, pero sin un “pequeño detalle”: la rectitud. Se distingue de la vanidad o vanagloria (la más afín a aquélla35), es decir, del amor a la gloria mundana36, porque la primera es el deseo desproporcionado de cualquier gran realidad; la segunda, en cambio, tiende a la sóla grandeza externa, la alabanza y el honor37, es decir, a ser considerado superior a quien se es, pues así como el honor social es –según Aristóteles– el premio debido de la virtud, la soberbia busca ese honor pero sin virtud. La una es interna (latens in corde38), mientras que otra es una manifestación suya externa39.

La soberbia se distingue de la avaricia en que la primera es descabelladamente ávida de bienes inmateriales, mientras que la segunda lo es de los sensibles. Se diferencia de la lujuria en que ésta engendra torpeza, mientras que la soberbia intentando “pasarse de lista” logra la pe-or ignorancia. De la gula, en que ésta tiende a lo fácil, mientras que la otra a lo arduo. De la envidia, en que ésta se entristece por el bien aje-no; en cambio, la soberbia se entristece por la carencia del bien propio que insensatamente desea. De la pereza, en que ésta –como dice el refrán castizo– “ni lava ni peina cabeza”, mientras que la soberbia es trabajosa, pues siempre anda maquinando cómo acrecentar el propio prestigio. La tentativa de justificación de estas actitudes es –según indica– plural, pues unas veces se las tiende a disfrazar bajo el aspecto de la magnanimidad, otras, bajo el de audacia, ya que el soberbio pretende –aunque sin orden– aquello que le supera40.

Se presenta la soberbia, sobre todo, en dos frentes, y en ambos se parece a un tumor41 maligno y con metástasis: en el de la ciencia, y en el del poder42. En cuanto a la ciencia, es bien conocido que ésta hin-cha43, pues el que se cree que sabe, todavía no sabe como es debido. Por lo que al poder respecta, dos son las posibles causas de soberbia: la altura del status y las obras44. No es extraño, pues, que, sobre todo en una sociedad como la nuestra donde “mandar” y “obedecer” no significan exclusivamente “servir”, la soberbia se manifieste en el sentirse “señor” del cargo en vez de “administrador” del mismo45. Tomás añade que este defecto afecta sobremanera a la juventud46. Con todo, no es sólo un problema de gente joven, pues con el paso de los años este defecto parece volverse tan acrisolado y retorcido como encubierto. También declara que incide más en las personas públicas que en las privadas47.

Seguidamente se intentan rastrear tres ámbitos de este defecto. Se atiende, en primer lugar, a la soberbia para consigo mismo; en segundo lugar, para con los demás y, por último, con referencia a Dios.

DEFINICIÓN DE LA HUMILDAD


Según Autor: Ramón Eduardo Azócar Añez

El hombre necesita fortalecer su confianza; ésta va creciendo con la experiencia de la vida y el aprendizaje diario; la confianza de caminar erguido, a paso firme; eso no implica que no tengamos humildad o sencillez, la humildad no está reñida con tener seguridad plena nuestros valores y en tus propias decisiones para desenvolvernos en sociedad. El exceso de confianza nos hace soberbios, arrogantes, despiadadamente ciegos ante la realidad, porque todo lo vemos en razón de nuestro propio espejo y terminamos siendo los único con ideas y tentáculos de saber, en un mundo artificial creados por nosotros mismos. Eso sí, en ocasiones es necesario dejar salir esa arrogancia para imponerse ante otra que nos agrede, porque nadie tiene el derecho de minimizar a nadie, menos subestimarlo y designarle calificativos despectivos y maliciosos.

En el ámbito universitario, institucionalmente me refiero, es un espacio muy ganado para entorpecer esa humildad; dado que hay un culto a la idolatría, es muy difícil erradicar esas acciones humanas que hacen de los hombres seres mínimos e intrascendentes. Se suele decir: “con la cabeza sobre los hombros y los pies en el suelo”, para designar el papel verdadero que cada uno de nosotros debería tener en el tránsito por la vida; pensamos que para crecer es necesario resguardar lo que conocemos y no entendemos que el crecimiento se fortalece y proyecta, en la medida que compartimos conocimiento y nos acercamos a nuestros semejantes con la idea clara de que no lo sabemos todo, que no somos los únicos que llevamos razón, de este modo entenderemos, cada día, que es muy importante abrir los ojos, los oídos, todos nuestros sentidos, para observar y escuchar el aliento en cualquier palabra, en cualquier gesto o en cualquier movimiento,  absorbiéndolo y aumentando las habilidades y destrezas para enseñar y transmitir parte de nuestras creencias y culturas. ¿Es negativo creer o asumir nuestras creencias como válidas? En absoluto, es necesario confiar en nosotros mismos, pero respetando las creencias y el sentir de los demás. El humilde no se queda segundo plano, no es malo estar al frente de tus sentimientos y de tus ideas, se hace necesario resaltar los valores, creando un equilibrio entre lo conocido y lo por conocer, eso es humildad.

Ahora bien, articular esa humildad implica establecer criterios de modestia, pero no hay que ser exagerados con ella, debe imponerse la confianza y la plenitud de valores que hagan madurar al ser humano, valores que trasciendan el espíritu y no que lo opaquen o minimicen. Ahora bien, intentar definir la humildad de manera integral y holística, es imposible. Porque la humildad no es un concepto, es una conducta.



La humildad es un modo de ser, un modo de vida; es una virtud entre virtudes, la más noble del espíritu. Los seres que carecen de humildad, carecen de la base esencial para socializar exitosamente; las cualidades sin humildad, representan lo mismo que un cuerpo sin alma; la humildad implica fortaleza, plenitud hacia lo humano.

En las Sagradas Escrituras, la humildad aparece reflejada en varios apartes de los libros de los apóstoles. En el primero de Pedro 5:5, “Revestíos de humildad hacia los demás, porque Dios resistea los soberbios y da gracia a los humildes…” Según esta cita, Dios dice que cuando se es humilde, se es libre de orgullo y arrogancia. La humildad divina es estar a gusto con lo que eres en el Señor y por lo tanto poner a otros primero; el sentido de humildad en la Biblia es uno de amar a otros, no siendo débil.

En Filipenses 2:3., se lee: “No hagan nada por egoísmo o vanidad, sino con humildad consideren a los demás como superiores a sí mismos”…y en 2:5-8., “Él, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa ha que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres. Más aún, hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz…” Por su parte, en Proverbios 15:1, se dice que: “Puedes desactivar los argumentos cuando eres humilde y no tienes que ganar cada discusión. La blanda respuesta quita la ira, más la palabra áspera hace subir el furor”.

También en Efesios 4:29, se dice: “Tu puedes hablar con cortesía y con amor, independientemente de la situación, incluso si tienes que ser firme o tomar acciones fuertes. No permita que ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino lo que es útil para la construcción de otros de acuerdo a sus necesidades, que puede beneficiar a aquellos que escuchan”. Es decir, cuando nos humillamos, nos sentimos fuertes en el Señor; no se necesita estar a la defensiva, porque cuando escuchamos como creyentes al Padre, él dice que se debe examinar los motivos y actitudes. Y en Mateo 21:12 y Marcos 11:15-16, dice: “Jesús fue humilde de espíritu, sin embargo, corrió a los cambistas del templo”. Y éste es un ejemplo de que la humildad no es sumisión ni entrega de nuestros principios y deberes.

A grandes rasgos, la humildad viene del antiguo alto alemán diomuoti, que significa voluntad de servicio, que en realidad es una mentalidad de siervo, y fue desarrollado por Martín Lutero para traducir la Biblia expresiones tapeinophrosyne (griega) o los de América, traducción humilitas utilizados; en el contexto cristiano es la actitud de la criatura, en analogía del Creador de la relación de siervo del Señor. De forma más general, la humildad es la "virtud, que pueda surgir de la conciencia de retraso infinito detrás de la búsqueda de la perfección (Dios, moral modelo ideal, lo sublime); es también la renuncia en la visión de la necesidad justificada y la voluntad de aceptación de las condiciones en el contexto de la vida. El filósofo alemán Immanuel Kant (1724-1804), trató de descristianizar la humildad y la definió como el “…sentimiento de confianza y de baja capacidad de su valor moral en comparación con la ley es la humildad (humilitas moralis)”; y el también filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900), expresó que la humildad es uno de los ideales peligrosos, difamatorio detrás de la cual la debilidad y la cobardía, la piel, por lo tanto, la entrega a Dios; en el contexto de estos filósofos la humildad es una actitud de verdad ante la realidad, pero de la cual no deberíamos depender. La humildad es una virtud de realismo, consiste en ser conscientes de nuestras limitaciones e insuficiencias y en actuar de acuerdo con tal conciencia.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Madeley luzdenia quisocala Quispe

 Violencia Familiar - Dr. Daniel Fabriau



La historia de Martha Lucía, una mujer maltratada por su novio, quien hoy está detenido tras la agresión, muestra el drama de las más de 1.300 mujeres violentadas en la capital santandereana. Debido a los altos índices de ataques entre parejas, Bucaramanga ocupa el segundo lugar en el país, después de Bogotá, como la ciudad en la que los hombres más agreden a la mujer.

leeni luque Quispe

Sexualidad -  Nancy Alvarez



La Dra. Nancy Álvarez nació en Santo Domingo,  10 de octubre de 1950 edad 68 años República Dominicana. Es Doctora en Psicología Clínica y posee una Maestría en Terapia familiar, de pareja y sexual y otra en Programación Neurolingüística certificada por The International NLP Trainers Association. Actualmente está completando sus estudios de doctorado en Sexualidad Humana. Además, está certificada en Manejo de duelo y pérdidas, Terapia de regresión de vidas pasadas, Hipnoterapia e Hipnosis clínica. Desde el 2001, es Miembro de la Junta Norteamericana de Sexología (American Board of Sexology).

DEFINICIÓN DE HUMILLACIÓN

Según Autores: Julián Pérez Porto y Ana Gardey Humillación, del latín humiliatio, es la acción y efecto de humillar o humillarse (heri...